martes, 19 de octubre de 2010

Siete: El loco

( A propósito de la visita de Leopoldo María Panero a Guayaquil)
— Mira, me habían dicho que si a ese loco le pedías un cigarrillo, uno de los tantos que guardaba en las cajetillas que llevaba consigo, como respuesta te muerdía e iba a dejarte una marca sangrienta con sus dientes delanteros, una herida profunda que tendría la forma estrellada de la cruz del sur; y que quizá, como se cree de los fluidos, no sólo te pasaría el temperamento, sino también la locura. Pero yo quería fumar, llevaba horas sin fumar y el loco permanecía como un tentador incendio, hechando humo sobre la banca del paque se iba en cigarrillos y en volutas. Y era la mordida o la abstitencia ¿entiendes? y la abstinencia duele más que la presión de cuatro dientes. Yo que me he pasado horas que son días, días que no recuerdo porque el tabaco le ha dado algo que hacer a mis dedos, algo más que nudos chasquidos; le ha dado un tono amarillento mis palmas extendidas que a veces reciben monedas, a veces nada ¿que tenía ya que perder si ya ni hambre me quedaba? Sólo ansias. Así que me arriesgué con el loco. Me habrí paso pisoteando entre la gente y tomé una de las colillas agonizantes de la hierba. A las plantas rotas del loco di tres largas caladas al pucho hasta que me sentí mareado, eufórico. Entonces mordí al loco con valor, lo mordí en defensa propia antes de que él dentellara primero y allá está, llorando como un perro castrado, mirándonos con ojos de miedo y desconcierto. No, no te puedo dar de mis cigarrillos, chico, me quedan muy pocos, sólo tengo unas mordidas, trinos, ánda a pedirle algo, si te atreves, al loco ese, al que está allá.

domingo, 10 de octubre de 2010

Seis: visiones de segundo grado

Copio un fragmento del libro " Cómo viajar sin ver" de Andrés Neumane que me ha hablado directamente: ¿qué hacer con lo que te contaron tan vívidamente, que no te pertenece pero fue tan real que parece un recuerdo? él los llama " visiones de segundo grado". " Repasando estas notas, me doy cuenta de que muchas son cosas que escuché, que leí, que me contaron..." así ha armado su novela, de mosaicos que no son suyos , son préstamos tomados de los recuerdos de otros. Y yo tengo los míos:
Por ejemplo, Guillemo me ha contado de unas focas en Galápagos que duermen sobre las reposteras de un hotel hasta que les quitan la música de fondo y vuelven al mar.
Bertha me ha hablado de la vez en que la inyectaron para olvidar y olvidó todo, menos lo que quería.
Rodolfo me ha dicho, monstrándome la mochila, que la tenía un pariente suyo y que lo encontraron abrazado a ella en el momento de su muerte.
Óscar me contó la vez que en la escuela hizo un hoyo en el patio del colegio para encontrar petroleo
Rodrigo, con la voz entrecortada, me ha dicho sobre vez en que tuvo sexo con un hombre por dinero, y tuvo a cambio de eso, una profesía.
Y todos estos son viajes que yo no he hecho y a la vez son míos, los he presenciado desde la ventanilla de la amistad o del amor y he visto estos paisajes. Juro haberlos visto...

sábado, 9 de octubre de 2010

Cinco: El viaje

Luego de haber consultado el Tarot según el método de Jodorowsky, las barajas me aconsejan que deje actuar a la fuerza para seguir mi destino, que es el viaje. Tiene sentido, la fuerza es una carta que pide sanación y olvido. Me quedo muy removida con la noticia y creo que se me nota. El tarotista me regala como un consuelo una foto de Borges con María Kodama. Borges alza su cabeza de saurio husmeando el aire y María toma fotos aquí y allá. Inmediatamente se torna un amuleto y la coloco junto a la foto de mi abuelo. Borges era el resto de los sentidos y María era un lazarillo sólo de sus ojos. Después nos bebemos un pisco por el Nobel de Vargas Llosa. Bueno, dos piscos por el Nobel de Llosa y remato en casa con un whisky que no le dedico a nadie, un whisky al destino mientras me aplico en hacer cosas que odio: lavar platos y calificar infinitas hojas de infinitos alumnos cuyos nombres aprendo y olvido. Nada más lejano a un viaje.
Luego sueño, supongo que es el efecto de Jodorowsky. Sueño y de golpe en el sueño irrumpe Rodolfo. Viene del fondo, atravezando con mucha enegía las perchas de un market imaginario y nos encontramos, salgo del sueño aburridísimo que estaba teniendo para entrar a su sueñgo, que es mucho más interesante. Lo tomo de la mano y lo miro. Es el Rodolfo que recuerdo desde Armenia. Altísimo, con los ojos verdes brillantes y la camisa remangada hasta los codos. Sé que es un sueño pero me alegra que en este sueño haya un acto que le corresponda. Después salimos de allí y caminamos por las calles de Guayaquil, sin rumbo, sin sentido pero de la mano hasta que ya no reconozco ni las aceras por las que vamos y cae la noche y alguien nos dice: ustedes estan perdidos, no sigan por ahí. Entonces damos la vuelta y seguimos perdidos, pero de la mano. Así me despierto, perdida, desconcertada. El viaje ha fallado.
Lloro un poco, miro la hora. Pienso en el ritual de psicomagia que me han recomendado, que cierre el proceso de mi embarazo trunco con algún tipo de símbolo. Solo así va a fluir la fuerza... después dormito y aparece este hombre que hemos creado con Rodrigo un poco decretando, un poco riéndonos de nuestro destino equivocado: Franz, el pelirrojo franco canadiense con el que todo es natural, no entendernos en natural, hacer el amor es natural, cambiar de país es natural, emprender el viaje es natural.
El viaje...convoco el viaje y las cartas también lo decretan, el viaje como una destino en sí mismo. Todos estos amores míos, estos hombres períodicos, llenos de usos horarios equivocados, de maletas, de hoteles y virtualidades, toda esta literatura que hace de puente colgante entre nuestras bocas y nuestras manos que están unidas solo en los sueños . Me levanto de la cama exhausta y sigo exhausta. Necesito reunir energía para emprender el viaje que está allá, lo veo venir, el viaje se aproxima porque he lanzado la flecha y aún no ha encontrado un punto concreto donde enterrarse. La flecha es el viaje, necesito seguirla pero estoy abatida, debe pasar esta asfixia, pero cuándo...cuándo.