Luego de haber consultado el Tarot según el método de Jodorowsky, las barajas me aconsejan que deje actuar a la fuerza para seguir mi destino, que es el viaje. Tiene sentido, la fuerza es una carta que pide sanación y olvido. Me quedo muy removida con la noticia y creo que se me nota. El tarotista me regala como un consuelo una foto de Borges con María Kodama. Borges alza su cabeza de saurio husmeando el aire y María toma fotos aquí y allá. Inmediatamente se torna un amuleto y la coloco junto a la foto de mi abuelo. Borges era el resto de los sentidos y María era un lazarillo sólo de sus ojos. Después nos bebemos un pisco por el Nobel de Vargas Llosa. Bueno, dos piscos por el Nobel de Llosa y remato en casa con un whisky que no le dedico a nadie, un whisky al destino mientras me aplico en hacer cosas que odio: lavar platos y calificar infinitas hojas de infinitos alumnos cuyos nombres aprendo y olvido. Nada más lejano a un viaje.
Luego sueño, supongo que es el efecto de Jodorowsky. Sueño y de golpe en el sueño irrumpe Rodolfo. Viene del fondo, atravezando con mucha enegía las perchas de un market imaginario y nos encontramos, salgo del sueño aburridísimo que estaba teniendo para entrar a su sueñgo, que es mucho más interesante. Lo tomo de la mano y lo miro. Es el Rodolfo que recuerdo desde Armenia. Altísimo, con los ojos verdes brillantes y la camisa remangada hasta los codos. Sé que es un sueño pero me alegra que en este sueño haya un acto que le corresponda. Después salimos de allí y caminamos por las calles de Guayaquil, sin rumbo, sin sentido pero de la mano hasta que ya no reconozco ni las aceras por las que vamos y cae la noche y alguien nos dice: ustedes estan perdidos, no sigan por ahí. Entonces damos la vuelta y seguimos perdidos, pero de la mano. Así me despierto, perdida, desconcertada. El viaje ha fallado.
Lloro un poco, miro la hora. Pienso en el ritual de psicomagia que me han recomendado, que cierre el proceso de mi embarazo trunco con algún tipo de símbolo. Solo así va a fluir la fuerza... después dormito y aparece este hombre que hemos creado con Rodrigo un poco decretando, un poco riéndonos de nuestro destino equivocado: Franz, el pelirrojo franco canadiense con el que todo es natural, no entendernos en natural, hacer el amor es natural, cambiar de país es natural, emprender el viaje es natural.
El viaje...convoco el viaje y las cartas también lo decretan, el viaje como una destino en sí mismo. Todos estos amores míos, estos hombres períodicos, llenos de usos horarios equivocados, de maletas, de hoteles y virtualidades, toda esta literatura que hace de puente colgante entre nuestras bocas y nuestras manos que están unidas solo en los sueños . Me levanto de la cama exhausta y sigo exhausta. Necesito reunir energía para emprender el viaje que está allá, lo veo venir, el viaje se aproxima porque he lanzado la flecha y aún no ha encontrado un punto concreto donde enterrarse. La flecha es el viaje, necesito seguirla pero estoy abatida, debe pasar esta asfixia, pero cuándo...cuándo.
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