sábado, 2 de julio de 2011

Diccionario de palabras incomprendidas (Lima)

Lima: Que ninguna ciudad tenga el nombre de alguien que amas, que ninguna ciudad deje de ser la tierra que pisas y se llame como quien has amado para que luego maldigas ese suelo o lo bendigas. Es curioso como los humanos vamos asociando elementos el corazón. La unión tierra querencia es bastante vieja. En el fime “ Hiroshima mon amour” por ejemplo, basado en la novela de Marguerite Durás, los amamtes se llaman con el nombre del lugar en el que vienen.“ Una ciudad es un universo cuando amamos a uno de sus habitantes”, decía Lawrence Durell en “ El cuarteto de Ajandría” . He ido a Lima tres veces pero las tres veces no he dejado de pensar mientras caminaba por el empedrado de Barranco o por las calles florecidas de Miraflores: “él seguramente ha transitad por aquí”; ha visto ese muro, ha descansado en aquel balcón, ha bajado esos escalones. He buscado la huella de mi amado en su tierra; pero lo cierto es que mis pretensiones de perra de caza siempre se han dado de narices con la realidad. Él partió desde el ochenta y con los nuevos gobiernos se tumbaron y reconstruyeron barrios enteros ¿qué sé yo que parte de la orbe que fue suya sigue intacta?, si él se fue y la ciudad le importó tan poco¿ porqué sí a mí? Quizá porque de los dos yo soy el cofre de los recuerdos y debo hacerlo porque él ya no tiene memoria ¿no es eso el amor?¿prolongarse en otros? Y cuando he mirado el mar, el oscuro, helado, neblinoso mar de la costa verde, con una cursilería propia de Neruda pienso que incluso el mar cambia, el agua que veo no es la misma agua que el pudo haber visto, entonces porque maldita si la misma ciudad se ha vuelto diferente ¿porqué yo no puedo olvidar? ¿Por qué yo no? Cuando me entero que este año no puedo volver a Lima una parte de mí – la parte trágica- se alegra profundamente.

miércoles, 29 de junio de 2011

Bodas tristes

"Este que ves engaño colorido... es cadáver, es polvo, es sombra, es nada..."


Sor Juana






Concluir que nuestra correspondencia es irremisible y penosa como al fantasma, un cadaver.

viernes, 10 de junio de 2011

Dialogo con muletas ( Uno)

Uno

(Entro dando brincos como un conejo)
Ellos: ¿Qué le pasó en el pie?
Yo: Me lo rompí
Ellos: ¿Y le dolió?
Yo: Sí
Ellos: ¿Mucho?
Yo: Mucho, mucho. Dicen que si hay silencio puedes escuchar el sonido del hueso al romperse

( Miradas de horror)
Yo: Pero no lo escuché.
Ellos: ¿Y lloró?
Yo: Mucho.
Ellos: Tan grande y llora.
Yo...
Ellos: ¿Y cómo se baña?
( Sin pensar mucho lo que digo)

Yo: Me baña mi mamá
Ellos: Tan grande y la baña su mamá
Yo: ....
Ellos: ¿Le podemos firmar el yeso?
Yo: No es yeso, es férula
Ellos: ¿Y eso que es?
Yo: Que se puede sacar y volver a poner
Ellos: ¿Se la firmamos?
Yo: ¡No!
Ellos: ¿Nos deja jugar con las muletas?
Yo: ¡No!
Ellos: Está brava porque se le rompió el pie
Yo: No, pero me molesta que no hagan silencio.
Ellos: ¿ y cómo se rompí el pie?
Yo: Saliendo de una fiesta, no vi un bordillo....
Ellos: ¿Y esta sobria?
Yo: No

( Vuelven miradas de horror)
Ellos: ¿Y qué le pasó en el pie?
Yo: Ya lo dije
Ellos: Repítalo
Yo: No
Ellos: Bah!! estábamos mejor con su remplazo. Sí, mejor quédese en casa

viernes, 3 de junio de 2011

Doppelganger

Al errar por las lentas galerías suelo sentir con vago horror sagrado que soy el otro, el muerto, que habrá dado los mismos pasos en los mismos días.
Borges ( Poema de los dones)

Me doy cuenta de que hay períodos en que rehuyó escribir. Ahora que tengo el pie roto y poseo cierto tiempo para hacerlo —eso creen todos, al menos — podría hilar algunas líneas como ahora intento, pero también es una convocatoria que duele, llamar a la que habla, a la que dice cosas, lacera. Lastima tocar la mano de la otra, crea una sensación de extrañamiento porque ésta de acá se enfurece: a veces no tengo ideas y como no las tengo, debo hablar de la realidad. No sé que es más desquiciante. Si traer la voz por poco tiempo o despedirla, luego. Revisando esto que he bosquejado, medito en que hablo de la escritura como si fuera un acto de posesión, de desdoblamiento. Últimamente, errática y patosa como estoy, no me encuentro segura de nada. No hay norte, no hay sur soy un trompo impulsándose a sí mismo. ¿Cómo le irá a la otra? A la estable, a la que posiblemente duerma en una cama rodeada por los brazos de alguno, quizás también otro, uno de los tantos amantes que no me fue posible retener por ser la que soy: “Mi cabello nunca cubrió por completo la locura que presintieron /y que nos envolvía como una neblina nauseabunda /que salía de la carne fermentada de mi cabeza /e invadía y detenía el amor como si imantara las agujas de un reloj”, dice la peruana Cecilia Podestá. Yo no debería hablar de amor, las mujeres siempre terminamos hablando de amor como un lugar común. Lo que quería decir es que si esta es la que escribe, seguro, del otro lado hay otra, que es la que no escribe, una más simple, más apacible, seguramente una mejor persona.
Doppelganger es el doble idéntico de un persona cuya aparición presagia desgracias. Yo vi al otro: lo vi, de era de esas personas que requieren de una segunda mirada para parecer interesantes y por eso no lo detecté en un inicio. Algo de barriga, algo de estatura, muy mal llevada porque se encorvaba sobre sí mismo. Regresé la mirada para ver si era tan parecido como yo creía que era al “ uno” y, sí era. Este hombre revisaba una horrible y estridente cartelera escolar ignorante al parecido que tenía con el que fue el hombre que más he amado en la vida. El lugar del encuentro era absurdo: una reunión de colegio. Colegas, café aguado, montones de chicos pululando, aplausos, preseas. Y yo fui hipnotizada como una polilla hasta él y me planté a sus espaldas para mirarlo mejor, para percibirlo. Se parecía al Rey Sol. Entonces imagino que sí es el Rey Sol. Que estoy a punto de tocarlo si elevo la mano y deslizo el índice por su chaqueta, volvería a sentir sus nervios de la espalda y sus cosquillas en un estremecimiento delicado: el hombre que yo amaba estaba lleno de cosquillas. Olfateo el aire, tiene esa pizca de sudor almizclado, una acidez agradable. ¿Qué hubiera pensando ese hombre si se volteaba y me hubiera visto husmeando el aire? Una perra en busca de huellas. Y luego lo espié de lejos cuando ingresamos al salón para seguir con la mañana escolar. Me senté frente a él y lo miré hasta lograr el contacto de sus ojos pardos. Ya en detalles, el “ uno y el otro” tenían en común la mirada curiosa, pero quizá no la nariz, un poco ganchuda del que estaba de este lado del mundo. La del Rey Sol es pequeña y en punta. Cuando el doble me mira, siento como si el Rey Sol me mirara también. El efecto de la reciprocidad y mi corazón bañándose en el caldo espeso de la emoción son abrumadores. Quizá hasta hay una sonrisa de su parte por sentirse espiado ¿Una mueca de espanto? Ya no me quita la mirada de encima: la perra a entrado en celo . Si la voz es del color del alma, como me dijo una vez Sonia Manzano, sus voces sí que no serían iguales — A los doppelganger los detectas por las voces— así que únicamente me hubiera hecho falta escucharlo, pero tenía pavor. Me marcho sin decirle nada. Adiós hombre de mi vida, adiós otra vez, por vez segunda. El Rey Sol es egoísta, cruel, manipulador y petulante. Este es un extraño con toda la novedad y la alegría que un desconocido puede tener. ¿Si mi otra yo conociera a este otro “tú”? ( esa que descansa como una Ofelia sobre el agua) ¿sería feliz? ¿Por qué yo no? Porque he hecho desastres en esta tierra, diría Kavafis. Un hombre es más que un cuerpo, así este cuerpo sea deseado. Ya no hay posibilidades para mí, pero sí para la otra, la que es un poco pájaro. Y yo recorreré la tierra hasta hacer polvo de mis huesos.
Entonces iré a Lima, dejaré algo de mí en sus cementerios como trozos de uñas o la sangre de mis hijos muertos y me desplomaré sobre una tumba que lleve también el nombre del hombre que más amé en la vida. Lloraré los imposibles, la batallas cuya paz se firmó sin más remedio y saldré de allí renacida, o acabada. Seré un fénix, un elefante en combustión que va haciendo humear todo a su paso. Puede que ya no tenga que convocar a la que escribe nunca más porque haya por fin perdido el habla y todas las que soy y todos los que él han sido, puedan esa noche conciliar sus sueños con la certeza de tener un solo cuerpo porque citando otra vez a Podestá “... no cabemos los dos en un solo nombre /o en imaginarios /tampoco en las más simples palabras /somos dos animales sin madriguera/ en un invierno de cuerpos helados/ en el que no caben más preguntas.

martes, 31 de mayo de 2011

Escuchar al fantasma

Este año ha estado confuso, absurdo, medio loco. Como si todas las brújulas del mundo hubieran perdido su sentido común. Empezó con el divorcio del que fue el fantasma más contundete de mi vida y ahí me tienen a mí, haciéndole caso a la voz de los fantamas que no son otras cosa que cadenas, tierra derrumbándose, quejidos desesperados. Quizá mi corazón no tenía nada mejor que hacer. Volví a esta dinámica nuestra de comernos el hígado todas las tardes y como era una relación vieja y que jamás se cerró ( ni creo que se cierre jamás, hay cosas que habrá que aceptar en su naturaleza de atracción y repulsión) fue cómodo, como a un pie deforme la calza un zapato mal hecho. Luego pasó " lo que la lógica indica". El peso de la realidad que a él lo lleva a la única manera de vivir que conoce, que es en una relación opresiva y a mi me conduce a la tierra de las relaciones imaginarias. Conclusión: nadie tiene nada, solo el regusto a sacarian en la lengua ¿Has probado la sacarina? es como probar el azucar pero sin que haya ayucar, un sabor incorporeo. Luego quiero huir, no sé a dónde, huir, se me ocurren miles de lugares pero obesionada como estoy con las concreciones veloces y la necesidad de raíces pienso en las maestrías del norte. Quiero mejorar mi inglés, le escribo a universidades, averiguo de las becas Fulbrigth y me apunto a todas. El problema no es la intención, que de verdad es brillante, el problema de siempre es la velocidad, mi necesidad de ser más rápida que mi propia jugada, el ser la bayesta y también la flecha y también en blanco. Fallo, se me va el tiempo, se acumulan los papeles mientras escribo cuentecillos. Pero el inglés es una necesidad, debo estudiar Inglés. Ritmos violentos, cópulas con nadie, como si todo se hiciera a golpe de tambores.Y bueno, me caí borracha, por eso me rompié el pie.

Tengo un cuerpo nuevo que no tolera bien ni el alcochol ni las grasas. Mi cuerpo, pese a mi naturaleza excesiva, me obliga al control. Mi cuerpo es como un policía del desafuero. Así que me tropecé con un bordillo y me romí el pie, bueno, uno de los 26 huesos del pie. Me cuestiono por el derrotero mis pasos. Esta es la segunda vez que me caigo y me rompo algo. Tiene que ver con la velocidad. Cuando tengo mucho qué hacer, me desbarranco. Ahora estoy en casa pensando en aprender a correr con muletas, pero no podré. Entonces lloraré y maldeciré mi vida. Apendizajes.... ¿estaba mal mi camino? ¿Qué diría Jodorowsky? La literatura sigue firme pero al igual que yo, sin un norte claro. Hoy fui al medico, tengo una fractura medio complicada que se llama fractura de Jones, bastante difícil de sanar por su ubicación. Se supone que deberían fijarme el pie con clavitos pero por ahora mi medico dice que debo poner el pie fijo Y SEGUIR CON MI VDA NORMAL. LO QUE PARECE SER UNA BROMA HORRIBLE! Esta es una carta en caos. Como diría el Chavo: No me enojo contigo, solo no me hagas enojar.Estaba preocupada, eso era todo. Cuida el corazón, que es hacia donde iba la advertencia médica de la doctora casi oriental.Disyuntiva emotividad: intencidad... Por ahora estoy en la cama, tecleando cartas y luego a trotar con muletas para ganarme el pan.

lunes, 20 de diciembre de 2010

No, la carta, no...

No es que no quisiera replicarte , Rodolfo, no se trata de voluntad. Es que si te la contesto, tal como mi demonio reclama, voy a tener, en breve ganas de otras cosas. Voy a querer volver a escucharte, por ejemplo y empezarán los timbrazos que no contestarás y el ruido del tráfico que va a filtrarse por la línea porque aunque yo sí me detenga para pensarte dos minutos, tú permaneces siempre en movimiento, en la vía rápida. Buscaré trepar por tu risa, que se desata con cualquier pretexto, escala muros, invade fortalezas, se enrosca por alabradas y me toca donde ya no quiero ser tocada. Tu risa nos ha costado que nos hechen a la calle de varios sitios y bueno, también por los besos, ese largo beso de tres años que nos veníamos dando. ¿Qué se yo? La carta será un recurso tramposo para mirar de cerca el ojo verde que tienes y el otro ( a sulado) y conversar de todo menos de lo que me preguntas, platicar de cualquier vagabundería mientras imagino que tú me dices " pequeña, pequeñita" y se me permitas poner mi nuca en tu muslo, como hacen los animales cariñosos. Pero eso no ha pasado en mucho tiempo, ni va a volver a pasar. Tú estás lejos, lejos sembrado como los árboles del bosque que jamás conoceré ( Tengo un árbol se llama Dylan, me dijistes, estoy buscando nombre para los otros) y yo que no le pongo ni agua a las plantas y solo presto atención al gato cuando está a punto de morir de inanición y debemos llevarlo corriendo a emergencias ¿cómo puedo contestarte la carta si en realidad lo que quiero no es esa metáfona si no volver a verte y no sólo volver a verte si no que estés en mí y que detengas la caravana de tu circo y me contemples? Todo este silencio si a ti te extraña y a mi me encierra. Así que no voy a contestarla porque después querré verte llegar acompañado de panes y de perros y anhelaré no solo el buen sexo sino que me preñes, darte hijos y construir una biblioteca con mis títulos y los tuyos, conjugarnos no solo en carne, sino en palabra. No voy a contestarla porque voy a aplicarme en serio en creer que ya no importa, que sé perder , extrañarte y así, sin finales ejemplares desearte con ternura restringida, buena suerte. Buena suerte viejillo, buena suerte...

martes, 19 de octubre de 2010

Siete: El loco

( A propósito de la visita de Leopoldo María Panero a Guayaquil)
— Mira, me habían dicho que si a ese loco le pedías un cigarrillo, uno de los tantos que guardaba en las cajetillas que llevaba consigo, como respuesta te muerdía e iba a dejarte una marca sangrienta con sus dientes delanteros, una herida profunda que tendría la forma estrellada de la cruz del sur; y que quizá, como se cree de los fluidos, no sólo te pasaría el temperamento, sino también la locura. Pero yo quería fumar, llevaba horas sin fumar y el loco permanecía como un tentador incendio, hechando humo sobre la banca del paque se iba en cigarrillos y en volutas. Y era la mordida o la abstitencia ¿entiendes? y la abstinencia duele más que la presión de cuatro dientes. Yo que me he pasado horas que son días, días que no recuerdo porque el tabaco le ha dado algo que hacer a mis dedos, algo más que nudos chasquidos; le ha dado un tono amarillento mis palmas extendidas que a veces reciben monedas, a veces nada ¿que tenía ya que perder si ya ni hambre me quedaba? Sólo ansias. Así que me arriesgué con el loco. Me habrí paso pisoteando entre la gente y tomé una de las colillas agonizantes de la hierba. A las plantas rotas del loco di tres largas caladas al pucho hasta que me sentí mareado, eufórico. Entonces mordí al loco con valor, lo mordí en defensa propia antes de que él dentellara primero y allá está, llorando como un perro castrado, mirándonos con ojos de miedo y desconcierto. No, no te puedo dar de mis cigarrillos, chico, me quedan muy pocos, sólo tengo unas mordidas, trinos, ánda a pedirle algo, si te atreves, al loco ese, al que está allá.