lunes, 27 de septiembre de 2010

Tres: Las dramáticas imágenes

Como ejercicio para aflojar la lengua, dentro del desarrollo de la destreza de la oralidad, los estudiantes de periodismo de la Universidad deben seleccionar imágenes que hayan ganado el premio Pulitzer en la categoría de fotografía y describir lo que ven. A la gran mayoría, contemplando a los niños vietnamitas quemados con napalm, a Katherine Cathey presionando su vientre contra el ataud de su esposo muerto en la guerra de Iraq o a la foto de la niña de sudan agonizante tomada por Kevin Carter, les tiembla la voz. Ante el gageo y la duda de mis alumnos yo me molesto. — ¿Acaso no van a ser ustedes periodistas? — les digo. Van a tener que tratar con situaciones así de terribles o peores. Deben crear un distanciamiento ¿O van a hacer prensa amarilla? ¿Prensa rosa? — Pero son sólo chicos, chicos hijos de la teoría, de la escuela de los textos .Por allí alguien suelta una lágrima, otro me pregunta qué hubiera hecho yo. No lo sé, lo contesto...no lo sé. Quizá mi irritación es consecuencia de mi vacío, soy más escritora que periodista.
Desayuno con la noticia de que la policía a tomado preso a un jovencísimo consumidor de marihuana en Guayaquil quien mira a los unifromados con los ojos desorbitados. Todo el aparataje, las sirenas, y la bulla que ha invadido a un barrio del sur para atrapar a un niño haciendo novillos es injustificado. — Contanto delincuente suelo y estos lléndose contra el muchacho, — dice la gente. Al final la turba se levanta de verdad y lanza piedras contra los policías que huyen a toda velocidad. En medio del jaleo, un reportero, muy jovencito, resulta con tres dedos rotos por una pedrada. la cámara registra las dramáticas imágenes, el rostro de dolor de la víctima. En esta profesión no se puede salir ileso, pienso, por eso escribo, aunque la ficción me protege, o al menos por ahora, no es un riesgo físico. No demasiado.

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